Claves para una correcta gestión de los residuos en el taller

Los talleres han de disponer de un manual y protocolos para gestionar en su día a día los residuos más contaminantes. ¡Descubre como hacerlo de forma correcta!

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Gestión de residuos en el taller: Normativa y manual de gestión

Desde el inicio de la crisis del coronavirus, los talleres han tenido que añadir un protocolo más a su día a día para proteger tanto la salud de sus empleados como de sus clientes. Pero los centros de reparación ya están habituados a realizar muchos otros protocolos, como el de la gestión de los residuos contaminantes del taller que deben realizar correctamente, no solo para evitar sanciones por parte de la Administración que ascienden a cuantiosas cantidades, sino para reducir el impacto medioambiental y promover la sostenibilidad en los talleres.

Manual de gestión de residuos

Para ello, los centros deben disponer de un manual de gestión de residuos en el que se puedan basar todos los empleados para llevar a cabo una buena gestión, tanto en la clasificación, tratamiento, almacenaje, etiquetado y, por supuesto, la destrucción de los desechos. La clasificación, por ejemplo, debe tener en cuenta la peligrosidad y tratamiento de cada uno de los residuos, dando prioridad a aquellos que pueden ser más contaminantes para el medio ambiente como, por ejemplo, los aceites usados del motor, los aceites ATF de las cajas de cambio o los líquidos de dirección asistida o frenos. En el caso de estos residuos peligrosos, la normativa obliga a meterlos en bidones estancos de plástico con tapa que deben estar separados del suelo para evitar vertidos masivos y en el interior del centro, nunca en exteriores, para evitar que la lluvia pueda entrar en contacto.

Los talleres de chapa y pintura tienen, a su vez, una gran cantidad de residuos peligrosos que gestionar como disolventes halogenados, botes de pintura en formato aerosol vacíos, los filtros absorbentes de cabinas de pintura o envases plásticos y metálicos. Además, deben saber gestionar correctamente el polvo de lijado, los variados productos de limpieza de herramientas, las pistolas de pintura, los trapos que se usan para pulir, las celulosas impregnadas y el material absorbente para derrame accidentales.

Los centros que lleven a cabo sustitución de neumáticos han de tener un contrato con una empresa especializada en recogida y tratamiento de cubiertas, que debe renovarse cada medio año. Además, cada siete años se debe informar a la Administración de dónde se realiza el almacenamiento de los neumáticos en el taller hasta que vienen a recogerlos, espacio que debe ser en el interior, para evitar que la lluvia se estanque en el interior y provoque condiciones insalubres.

Por último, en la labor diaria del taller y de las continuas reparaciones de vehículos se pueden derramar en el suelo productos tales como líquidos, aceites, combustibles, etc. para cuya limpieza se deben emplear sepiolita o productos equivalentes. La celulosa, por su parte, debe emplearse para limpiar restos en vehículos o que entren en contacto con la piel de los mecánicos, creando de esta forma desechos indirectos impregnados, los cuales también tienen su protocolo de gestión de residuos. Y en cuanto a los posibles vertidos accidentales, la normativa actual obliga a disponer de un separador de grasas que evite que aceites caigan por la red general de desagües.

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