La correa distribución, causa de avería en vehículos de más de 5 años

La correa de distribución es la causante del 50% de las averías en los vehículos con una antigüedad mayor a cinco años.

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La correa distribución, causa de avería en vehículos de más de 5 años

La correa de distribución es uno de esos componentes que casi cualquier conductor, por mucho que sea su desconocimiento sobre mecánica, nunca quiere relacionar con averías. No en vano, tan importante es su función en el vehículo, pues se encarga de la correcta sincronización entre los mecanismos y las piezas que conforman el motor, como costosa su reparación en casa de rotura. En concreto, su función es la de transmitir el movimiento del cigüeñal hacia el árbol de levas, el cual a su vez acciona las válvulas de admisión y escape.

¿Por qué es tan importante su mantenimiento?

¿Cuál es su vida útil? Y, sobre todo, ¿Qué consecuencias tiene su rotura? Desde Road House siempre recomendamos acudir a talleres de confianza, pero para cuestiones relacionadas con la correa de distribución está más que justificado nuestro consejo. Hay que tener en cuenta que los fallos en este componente causan que el motor pierda su sincronización, provocando una reacción en cadena que destroza por completo todo el sistema. De ahí, en parte, reparar cualquier avería relacionada con este componente es una de las operaciones más laboriosas (y por tanto caras) en el taller.

Los fabricantes son los que tienen la última palabra sobre la vida útil de sus correas de distribución, pues al ser un elemento de desgaste, está sujeto a muchos factores que determinan su durabilidad. En términos generales, la horquilla está entre los 80.000 y los 150.000 kilómetros o cada diez años, lo que antes se produzca. Sin embargo, el estilo de conducción y el entorno por el que se circula de forma habitual pueden alargar o acortar dicha vida útil.

Por este motivo, y en aras de que no se produzca una rotura imprevista, son tan importantes las revisiones periódicas en este componente a partir de los cinco años, pues se trata del origen de nada menos que la mitad de las averías que se producen en vehículos con más de un lustro de antigüedad. Si el profesional alerta de que se encuentra desgastada, agrietada o ha perdido su color, la mejor decisión es reemplazarla de forma preventiva, aunque también se requiere comprobar la tensión adecuada, ya que si no es correcta, las diversas piezas móviles accionadas podrían interferir entre sí.

Además, otros síntomas de desgaste o de que la correa de distribución está a punto de romperse es que no permite que los cilindros trabajen en los tiempos adecuados y haya fallos en la ignición, así como fugas de aceite, combustible o del líquido refrigerante, ruidos extraños en la transmisión, temblor excesivo del motor, dificultad al arrancar, excesiva emisión de gases, o problemas para mantener el coche arrancado.

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