Tres elementos para garantizar la seguridad de la conducción en invierno

El taller debe revisar neumáticos, sistema de suspensión y frenos para garantizar una conducción segura en invierno.

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Neumáticos, amortiguadores y frenos son los tres elementos básicos que el taller debe revisar para garantizar una conducción segura en invierno.

En primer lugar, los neumáticos son el único punto de contacto del vehículo con la carretera. Su adherencia se reduce con lluvia, nieve o hielo, por lo que deben estar en perfecto estado y con una profundidad mínima de 1,6 mm. Se recomienda cambiarlos a los 3mm, ya que a menor profundidad, la distancia de frenado se multiplica. La presión debe de ser la correcta (si es demasiado baja cierra los canales de drenaje) y deben estar bien alineados para una mejor direccionalidad.

La importancia del sistema de suspensión

En cuanto a los amortiguadores, mantienen la estabilidad, siempre que estén en buen estado. Si se desgastan, aumentan la distancia de frenado. Yendo más allá, la comprobación regular del conjunto de la suspensión y la dirección es indispensable. Las consecuencias para la seguridad vial de fallos en estos sistemas pueden ser fatales, por lo que el taller debe invertir tiempo en informar de ello a los clientes.

Por otra parte, con los vehículos actuales, la reparación de estos sistemas y la alineación precisa de las ruedas se han vuelto mucho más complicadas. Por lo tanto, es necesario un buen conocimiento del funcionamiento de las suspensiones modernas de las ruedas y de la interacción de cada uno de los componentes, para diagnosticar y evitar posibles daños. Entre los componentes que deben analizarse pormenorizadamente destacan las cazoletas, brazos, guardapolvos, anillos de sujeción, fuelles de goma y rótulas.

Los frenos, otro elemento imprescindible

Finalmente, es básico que los frenos estén en perfecto estado para responder con precisión en condiciones climáticas adversas. Deben vigilarse tanto los discos como las pastillas y el nivel del líquido.

Los discos de freno hay que revisarlos cada 20.000 kilómetros y antes de largos desplazamientos, atendiendo al estado de los discos, el espesor y la superficie de frenado. Al cambiarlos, se deben sustituir también las pastillas y los latiguillos, y hacerlo por eje, para asegurar una frenada equilibrada que garantice la estabilidad del vehículo.

Las pastillas han de tener un grosor mínimo de 2 milímetros, mientras que el líquido de frenos hay que cambiarlo cada dos años, o entre los 40.000 y los 60.000 kilómetros.

Estos tres elementos, conforman el llamado “triángulo de seguridad” dada la importancia del buen estado y correcto mantenimiento de estos para la seguridad de conductor y acompañantes.

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